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viernes, 27 de mayo de 2016

Ninfa




Al nacimiento de esta ninfa, las hadas del vecindario se reunieron en torno a su cuna y le regalaron muchos atributos. Su abuela, también  hada, le concedió el don de la tenacidad. 

Un día, ella es deslumbrada por un joven que consigue seducirla, tal  es su enamoramiento que rehúsa visitar a su madre enferma. Como castigo, su abuela la condena a amar para siempre al joven. 

Este, cansado de ella, aparenta creer que esta le ha engañado con otro. Le dice que no creerá en su inocencia, hasta que no traiga un jarrón enorme lleno de agua del Río de la Plata. 

Tras tres días de marcha llevando el enorme peso, ella cae agotada al agua mientras rellena el jarrón. Su abuela, el hada, la rescata y levanta el castigo, para salvarla del supuesto enamorado. Así la transforma en la ninfa protectora de las aguas del río que baña a la ciudad porteña. 

Desde entonces durante las noches de luna llena, se ve su reflejo en el agua del río.


martes, 10 de mayo de 2016

Tiempos que corren

Los tiempos que corren han superado mi paciencia y mi poder de asombro, desde hoy me declaro rebelde sin causa. 
Desde hoy me resisto; a los escenarios mediocres, a la mentira convertida en micro climas, a la calumnia que transcurre afuera y adentro, a la tristeza que otro provoca en mi alegría cuando en los casinos de la vida apuesto el amor no regalado, y a el cinismo que se sirve en la mesa acompañado de pebre, pan fresco y vino añejo. 
Prefiero, correr mil metros de ida y otros mil de vuelta, gozar el aroma a tierra mojada, sentir la lluvia en mi cara, contemplar la nube blanca y algodonosa, cobijarme al calor del sol brillante, oír el trino de los pájaros, abonar al pago de mis cenas con vales del talonario de alguna olvidada princesa, y sentir la bofetada del frío mañanero que me dice que estoy viva.
Ya no quiero seguir desfilando por falsas pasarelas, bailando en escenarios con censura que restrinjan mi ingreso o salida, y respirando la hediondez de las cloacas donde habita la corrupción y el firmamento mal iluminado.

Andrés




A mi Andrés

Mecer es la palabra exacta para recordarte y sentir la tristeza en mis brazos vacíos, y en el desconsuelo que quedó dibujado en mi pecho.
Arrullar para traer el canto de mi voz cuando velaba tu sueño, aplacaba tu llanto y celebraba tu alegría.
Adormecer eternamente tu caminar en los cuarenta años que escuché tu risa, tus cuentos, y de cuando levanté orgullosa mi frente maternal a todos tus logros y premios.
Acunar en mi corazón los recuerdos para alivianar la ausencia de la cuna vacía, de la palabra mamá, del brillo de tus ojos, de tus delgadas manos que transformaban papelitos en hermosas esculturas, de tus dichos oportunos e ingeniosos, y de tantos mimos que quedaron suspendidos en la palabra futuro y en mi corazón.
Trascender en tu paternal imagen, mirar tu paciencia desde el pasado, tu manera de proteger, cobijar, educar, y amar profundamente a tus pequeños cachorros.
Susurrar sin aliento mi amor a tres años de tu eterno viaje sin retorno. 
Tu mamá