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lunes, 29 de marzo de 2010

Antigua profesión

Montó negocio...
y su cuerpo
y su alma
puso en oferta.

Y con aviso económico en el diario local:

Tranzó cariño por pasión.
Canjeó esperanza por promesa
Permutó sonrisas por llantos
Modificó audacia por inseguridad
Transformó amor en dinero
Hipotecó la vida y arrendó
sin contrato su futuro
De luna a luna ofertó
y liquidó su juventud
Hizo de la esquina su oficina
y negoció en bares
y oscuros pasajes

Y en la bolsa de valores
perdió las acciones una a una
Aparecieron las arrugas y la lástima
Enfermó el alma
El sindicato de quiebra
clausuró su inversión
Sucumbió en la derrota

Se le encuentra caminando
hambrienta y dolida
llorosa y sin habla

Arrastra la vida y el pecado
y el pasado es su lastre



sábado, 27 de marzo de 2010

Los versos de Cecilia.



Que te cobije la tierra,
te alimente el aire
te abrace el fuego

y te bendiga el agua...


Que los dioses bendigan

tus manos y tus ojos..

Que tu lectura
sea
oficiosa y clara.

Que brinden mucha paz

en tanta alma adolorida......




Estos versos fueron escritos para mi amiga Luisa Araya Massry, el lunes 22 de marzo con motivo de su cumpleaños. Ella los publicó y eso me ha honrado mucho.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Triángulo



Siempre fueron de a tres.

Le gustaba tanto él como su marido.
Al primero nunca respetó y al otro le rindió pleitesía.

Entre mentiras y engaños pasó la vida, de uno cuidó y al otro utilizó, más cuando la edad avanzó ya no sabía a quién amaba y a quién no.

Se desposó con libreta y ceremonia con uno y al otro prometió entre sábanas y sexos apurados no abandonarlo nunca.

Ya no sabía cual era el olor de cual, y con cual su pasión respondía más. Tampoco supo que pasaba cuando la añoranza le removía el cuerpo. A quién evocaba más y quién era el preferido de su sexo.

Los llamo siempre ¡Preciosos! para así no equivocarse. Y su frase al oído: ¡Lo amo o lo adoro! Era por igual.

Su piel olía a ellos sin distinción y su boca tenía el sabor de ambos.

Y sus ojos miraban, y sus oídos oían y su olfato olía a dos machos sin distinción.

Sus manos tenían la pericia de recordar donde ir y donde no, de recorrer y parar, de presionar y acariciar sin hacer diferencia.

Su cintura se movía cuando escuchaba los conciertos de sinfonías sensuales de dos bocas y nunca se equivocó de movimiento, tampoco defraudó a esos viriles sexos, dueños de sus piernas y de su humedad.

Sabía decir con su boca lo apropiado y besar con la misma pasión mezclando sabores y olores.

Cada mañana amanecía en unos brazos y evocaba los otros.
Cada mediodía corría a unos brazos y apurada los encontraba en silencio.
Cada noche lo acariciaba y consentía con el afán de una geisha.

Aquella mañana en que se encontraron cara a cara los tres, fue cuando ellos se enteraron cuanto los amaba a cada uno y por parejo a ambos.

Entonces cada corazón se hinchó en el pecho de aquellos dos varones y en cada uno latió fuertemente el orgullo de un amor correspondido.

Y todo esto, por ser de a tres.