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viernes, 18 de marzo de 2016

Jazmín




Lo que dejaste en mí
Prendiste ilusiones y jazmines a mi cabellera
Prometiste abrazarme y no soltarme jamás
Juraste cuidar el perfume que anuncia el otoño

Alentaste a mis ideas y navegaste en mi cuerpo

De mi equipaje




acarreo un vestido de fiesta para que creas que desvistes a una reina, y otro más rotoso y sencillo, así supondrás que soy la más pobre de las mujeres

llevo una camisa de dormir para que entre las sábanas la puedas arrancar y tirar por debajo de la cama

no faltará el maquillaje oportuno para interpretar a la mujer fatal que desea tu fantasía

encantada y llena de magia, cruzo tu calle con mi equipaje para que el momento sea perfecto para ti

sábado, 12 de marzo de 2016

Extravío

Te perdiste la suavidad de mis piernas, la curva perfecta de las caderas deseosas de tus manos y de tus besos, allí donde ellas nacen para caminar al encuentro. 

Te perdiste el abrazo para confundir la razón en mi pecho palpitante de tanto fuego acumulado.

Te perdiste la boca roja y sangrante de pasiones, de besos húmedos y rabiosos, de mi lengua que domina los recovecos de la tuya y que reconoce el sabor de tu exquisita saliva.

Te perdiste mis dedos que ansiaban recorrer tu cuerpo pedacito por pedacito, por cada espacio que muestran las cicatrices de la vida. Ellos aguardaron entrelazados que alguna pesadilla te despertara.

Te perdiste mis ojos de insomnio, lleno de sueños, llenos de complicidad, repletos de esperanzas para contigo.

Te perdiste el orgasmo que anoche soñé cuando escuché tu respiración a mi lado, que perdida de tiempo la testarudez de tu ánimo y tu mal genio.

Te perdí cuando la luna le dio por irse a dormir y se encandiló con el brillo incandescente del sol, que madrugaba despertando a la ciudad y sus ruidos. 

Y así quedé apretada a la almohada, que ahogó mi desesperanza y mi fallido llanto.

Alguna vez te dije que dibujaría tu rostro en los muros de la olvidada alcoba, y así arrinconar tu olor y tu soñar en las tinieblas de alguna  extraviada y sombría noche. 

Entonces entre tanta perdida, a mi se me ha esfumado la capacidad para tener el valor de lanzar un grito desgarrador al pasado, y para naufragar en el derrotado futuro. 

miércoles, 9 de marzo de 2016

a la mujer que me parió






Parió cinco hijos y a todos los tuvo entre risas, gritos y lágrimas de emoción, los amamantó con sus dos pechos hasta que los primeros dientes le indicaron que debía olvidar esta tarea, y secar su leche. 

Anduvo encorvada de tanto pasitos que enseñó con ese amor maternal de educarlos y hacer tres futuros hombres y dos futuras mujeres.

Soportó adolescencias, rebeldes y sin causas.

Parió con hija y nueras, retoños que le regalaron sonrisas de por vida.

Amó con fiel devoción al hombre que se llevó en su corazón su virginidad, y durante 30 años, lo mimó con la pasión que él le enseñó a su inexperto cuerpo de niña mujer.

Amó al padre, al hermano, al amigo, con vida y delicadeza de samaritana. 


Se la llevó la muerte sin anunciarle que la iba a visitar, cuando no era el tiempo, y aún tenía ganas de correr, bailar y jugar con sus nietos.