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sábado, 12 de marzo de 2016

Extravío

Te perdiste la suavidad de mis piernas, la curva perfecta de las caderas deseosas de tus manos y de tus besos, allí donde ellas nacen para caminar al encuentro. 

Te perdiste el abrazo para confundir la razón en mi pecho palpitante de tanto fuego acumulado.

Te perdiste la boca roja y sangrante de pasiones, de besos húmedos y rabiosos, de mi lengua que domina los recovecos de la tuya y que reconoce el sabor de tu exquisita saliva.

Te perdiste mis dedos que ansiaban recorrer tu cuerpo pedacito por pedacito, por cada espacio que muestran las cicatrices de la vida. Ellos aguardaron entrelazados que alguna pesadilla te despertara.

Te perdiste mis ojos de insomnio, lleno de sueños, llenos de complicidad, repletos de esperanzas para contigo.

Te perdiste el orgasmo que anoche soñé cuando escuché tu respiración a mi lado, que perdida de tiempo la testarudez de tu ánimo y tu mal genio.

Te perdí cuando la luna le dio por irse a dormir y se encandiló con el brillo incandescente del sol, que madrugaba despertando a la ciudad y sus ruidos. 

Y así quedé apretada a la almohada, que ahogó mi desesperanza y mi fallido llanto.

Alguna vez te dije que dibujaría tu rostro en los muros de la olvidada alcoba, y así arrinconar tu olor y tu soñar en las tinieblas de alguna  extraviada y sombría noche. 

Entonces entre tanta perdida, a mi se me ha esfumado la capacidad para tener el valor de lanzar un grito desgarrador al pasado, y para naufragar en el derrotado futuro. 

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