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viernes, 21 de junio de 2013

Invierno


La nostalgia hoy llegó con la bandeja del desayuno, despertó a la tristeza y le dijo que tenía que hacer su tarea diaria, hacerme llorar.

Luego tomaron mi corazón, lo estrujaron y lo dejaron gimiendo, dando brincos en mí pecho.

Me resistí, no quería llorar ni estar triste y apaciguar a mi querida alma… pero asomó el reproche y me ordenó levantarme, pues necesitaba cambiar las sábanas, esas donde olfateo tu aroma, y que rápido me fuera al baño, maquillara mi rostro para borrar la aburrida cara de tristeza.
Y dijo con autoridad: ¡Eso no se usa!


Pensando regalarles una sonrisa emergió la culpa, anhelaba ser feliz entonces de mi boca estalló un estrepitoso gemido… que apretó el cielo y lo nubló, fue cuando unos pocos ángeles lloraron una lluvia espesa, hicieron caer nieve y el viento desordenó mis sentimientos, el frío heló mi sangre, y un sabor amargo emergió en un profundo suspiro al ver los árboles desnudos, que intentaban defender sus ramas y oraban una plegaria.


Pero como dicen que las tormentas arrastran la tristeza me dejé sostener por ella hacia el infinito, y no dudé que ahí encontraría tu amoroso cobijo… y el mejor abrazo.

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