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lunes, 17 de junio de 2013

Confesión


Me confesaron que el mar es desaprensivo y devora sin mirar a quién, y se beneficia de la marea alta para devolver lo que no apetece.

Que disfruta engullendo amores y desamores… invitando a ilusos y enamorados a contemplarlo desde sus rocosos acantilados.

Que acorrala en sus traidoras corrientes y que luego escupe para amontonar  en sus doradas y tibias arenas.

Que se apodera de los náufragos mensajes, los regala a las sirenas y les murmura al oído, que son de su puño y letra.

Que inventa barcos fantasmas para que los marineros pierdan el rumbo embelesados por la pesadilla de ser abrazados por sus turbulentos remolinos.

Que planea terribles y asesinas tempestades para mostrar su fuerza y su poderío absoluto.

Que triunfa en cada una de las guerras que discurren los humanos en la batalla de conquistar el mundo, para advertirle al capitán que él es su superior al mando de su cabina.

Que ostentosamente engaña al sol para contemplar su nacimiento y  muerte, y que humildemente se refleja a los pies de sus aguas.

Y aunque el mar de la mano de Poseidón intenta deslumbrar, son los delfines y Neptuno los que resguardan sus astillas de sal que brillan en el plateado de su transparente oleaje.


Y podrían ser los seguidores de Baco, que siempre deliran al golpe mareador del dorado licor, para ser el pirata soñador y encontrar el acaudalado tesoro en sus  profundidades.

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