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domingo, 18 de noviembre de 2012

Con tenedor y cuchillo



Son las siete de la tarde, el sol aún brilla que encandila el pensamiento, y la brisa de primavera ya le refrescó la cara, cuando la asomó por la ventana.

Entonces respiró para saber que aún estaba vivo…  y ese soplido lo dejó volando en el pasado, lo trasladó a un lejano y egoísta destierro de llantos ocultos, de lágrimas secadas en el disimulo de no exponer la cara, y de tener en la mirada una profunda  tristeza…

La abundancia de riquezas y buenos propósitos abundan en su corazón, todos hablan de su bondad, pero helo aquí mirando el horizonte, pensando para donde enfila a su huérfano cuerpo, a que parque, y en que banco se sienta para  pasar su brazo por el hombro de su amiga melancolía, a donde lleva el canto de su triste risa y como saborea las ganas de vivir, a donde abraza sus abrazos y donde esconde los besos no recibidos… ésos que atragantan la garganta cuando sólo los quiere escupir, que se le  pegan en el paladar y su lengua no los puede desprender… son muchos… infinitos… le causan nauseas y mucho hastío… pero aún así los traga entre las lágrimas de su deshabitada vida…

A pesar de su llanto también salió a buscar diversión y no se acordó de que él tenía ganas de comerse un sábado con tenedor y cuchillo sentado en la acera donde podría besarla en la boca y mostrar su valeroso orgullo… de meter su nariz en su rubia cabellera y oler su perfume a hembra satisfecha… pero solo son y serán sueños en esta tierra de promesas infundadas

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