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sábado, 23 de marzo de 2013

Por encargo


Y te había encargado
que me besaras mucho
y ellos cayeron
a miles de metros de profundidad.
Le cavaste la mejor tumba al frenesí
y a la espalda acomodaste
frente a la historia de aquellas locuras
que habías inventado

Solo volteaste para decirme
que las preferías hermosas
y más jóvenes.
De mi boca se escapó un:
Te necesito y no te necesito.

Volviste a dar tu espalda
al deseo de tocar mi piel
y gozarla sin cobro ninguno…
y como por arte de magia
apareció  el silencio
en la sala del café de la esquina


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