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lunes, 25 de marzo de 2013

Declaración



Automáticamente y de manera muy obvia… me sedujo lo irreverente de tu invitación…

Sólo era un café con aroma a vainilla y conversación discreta, terminaste diciendo que me querías en tu vida… y eso fue una osada proposición.

Me sobresalté y encendí un cigarro, como sí el humo me trasladará detrás de un biombo y no leyeras en mis ojos que anhelaba quedar enredada en tus palabras,  y escribir lo que a mi cuerpo detenía mi limitada soledad, y que tu boca  explicaba para traducir lo que tu cuerpo exigía.

Sólo en los ‘’Café de París’’ puedes soñar y besar con solo dos terrones de azúcar………………………….



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