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sábado, 5 de julio de 2014

Nada


Por probar almohadas ajenas  tuve que asumir las consecuencias y el arrepentimiento apareció cuando recogí mis cosas, entonces caí en la cuenta de que mi cajita con sueños no estaba, se había esfumado entre risas, brebajes y pasión.

Supliqué a la lógica me ayudara a encontrar mi tesoro, pero sin piedad se río y dijo que no era sensato creer en cuerpos ajenos, que además de ser peligroso, había que asumir los resultados, que por más que la cama fuera ancha, no era la legal.

En la desesperación de querer regresar a casa antes del amanecer, di órdenes a la paciencia que  dormía en un rincón  la borrachera de la noche, y sorda a mis ruegos no emitió juicio alguno.


Una corazonada hizo que recordara a la Nada, quién, para mi sorpresa, puso en mis manos la cajita vacía diciendo que había pasado mi peor enemigo a quién se los había entregado, y con cara de no tener nada que ver en el asunto, me dijo:
¡Los sueños se cuidan como si fueran parte de la vida misma y no se descuidan entre sábanas impropias!

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