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lunes, 10 de febrero de 2014

Tiempo

Mis lágrimas y la ofensa de la vida me oscurecieron la mirada, tan triste convertí mi alma que el corazón dejó de palpitar por ti y mis adoloridos pensamientos enfriaron el aire, con tu ausencia.

Ahora mi ceguera no permite leer tu despedida y el escrito con las palabras Te amo el tiempo las ha vuelto borrosas.

Indolente estoy frente a la risa, la alegría está lejana ya no abraza mi esperanza, y la mirada se extravió en el horizonte por donde partiste con tu mochila al hombro.

…son cuarenta años de no sentir tu aliento, ni besar tu boca, la juventud te la llevaste amarrada en un pañuelo que ataste al cuello que besé tantas veces, y por más que quiera revivir tus caricias no encuentro la manera de que mis canas te digan que aún extraño a tu adolescente pasión.

¿Será que mi edad idealizó tu memoria?

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