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viernes, 14 de diciembre de 2012

No tiene perdón

Tan tranquila estaba con mi sentencia

y vino a murmurar palabras a mi oído.

¿Quién le dijo que lo solicitaba?

Porque si lo creyó así,

por dios que se equivocó.

A mi tristeza la alivio sola

A mi dolor lo mitigo yo

A mi angustia le doy medicina de sus canciones

A mi llanto lo enjugo con su retrato.

 

Tan apática estaba con mi aflicción

y vino a susurrar palabras a mi oído.

Mis manos fastidiadas lo buscan

pero solo aplauden sus actuaciones de falso galán.

Mis pies se deslizan a otros fogones.

Mis dedos ávidos buscan su espalda.

Mortifica el sentir, el pesar, el amar

Lastima su voz a mis oídos

Hiere en mi cuerpo su recuerdo.

De mí piel arranco todo vestigio de afición,

sombreada de caricias,

repleta de halagos impúdicos.

Mi cintura y toda Yo con lasciva indecencia lo evocamos.

 

Tan plácida estaba con mi agonía

y vino a secretear palabras a mi oído.

Me gusta que me encante ser suya religiosamente

pero Dios omitió adiestrar mi extravío.

No instruyó que podía tocar fondo

tampoco adoctrinó a mi vehemencia

y a los dogmas olvidé.

 
Tan apacible estaba con mi congoja

y vino a cantar palabras a mi oído

que no tiene perdón de Dios.

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