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martes, 27 de julio de 2010

Su excelencia y el Cibao


Cuando se vive en dictadura y puedes dar la mano de un demócrata, no se debe perder la ocasión de saludar con admiración lo que ese estadista simboliza, la lucha por la libertad y el haber sido elegido por un pueblo que es su mejor carta de presentación. Y ni siquiera te preguntas si son tus mismos ideales.

Corría el año 85 - 86 y mi nuevo lugar de residencia era San francisco de Macorís, pleno centro del Cibao en la isla de la española como la llamaron Colón y sus piratas.

El entonces gobernante visitaba el lugar y por muchas, y pocas razones, me vi involucrada en su visita.
Llegó con sus guardaespaldas, que para mi eran muchos por su corpulencia y pocos para los que traía el dictador en mi país. Las esposas-mujeres de los que habían organizado el evento, estábamos en línea esperando estrechar la mano de este presidente querido y repudiado, dualidad que yo no entendía.
Pocos eran los meses en que había arribado a este paraíso de pobreza y de naturaleza bendita, donde si uno creía que la mano de dios era la creadora y, además, le había dedicado más horas.
Por protocolo, nos fue saludando una a una con la cortesía de quién quiere tener la popularidad de los suyos. No todas éramos locales, pero ahí estábamos y debíamos ser sobre todo buenas anfitrionas

Al llegar mi turno, sostuve con ambas manos la suya y le dije, con mi voz de chilena y arriesgando todo:
Señor Presidente es un honor, mis manos no saludan a un demócrata desde hace mucho tiempo y al último fue a su tocayo y colega nuestro querido Salvador, soy chilena.
Me latía aceleradamente el corazón y mis ojos tenían un brillo entre inocente y ansioso, pensando si estas palabras me podían ocasionar más de un problema.
La ceremonia, los discursos, y su Excelencia que no dejaba de mirarme hicieron que mi nerviosismo aumentara, había osado trasgredir toda regla.

Cuando el presidente comenzó a despedirse, disminuí el paso y me mantuve detrás de todos los asistentes. Sin embargo, él saliéndose de todo protocolo y bajo las miradas de disgusto de los organizadores y guardaespaldas, se dirigió directo hasta donde yo estaba ubicada. La vergüenza se reflejaba en mi rostro que oscilaba del rojo al pálido.
Me tomó ambas manos y dijo: Durante mucho tiempo he querido saludar a un chileno valiente y creo que dios me ha premiado al darme la oportunidad de hacerlo con una hermosa y audaz mujer; por favor dígame ¿Cómo están los hermanos chilenos? Narré  brevemente lo que sucedía en mi Chile querido, la gran y atroz verdad que los míos sufrían, sabía que mis minutos eran muy pocos para decir tanto.
Siempre agradecí sus palabras y el haberme hecho sentir muy importante en ese momento.

Mi estadía en la isla y su gobierno fueron tiempos breves.


Salvador Jorge Blanco ha sido el único presidente dominicano sometido a la justicia y descargado. Su culpabilidad frente a los cargos imputados nunca fue probada, por lo que muchos afirman que el proceso judicial que se le siguió fue político y manejado directamente desde la casa de gobierno para inhabilitarlo como posible candidato presidencial.
En la República Dominicana los juicios a políticos solo son llevados a la corte con autorización del presidente.


Escrito en San Francisco de Macorís.

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