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lunes, 13 de mayo de 2013

Vigilia



Arriesgando mi pesadilla por quién necesitó jugarse la vida
me desprendo de su abrazo y salgo a la calle.
Torpemente tropiezo con el cemento frío y seductor,
y con la negra oscuridad de la silenciosa ciudad.

Entonces pienso:
¿Sabré leer a la tristeza?
¿Será que puedo traducir la negrura del alma?

Mi suspiro trae memoria de acera adolorida,
angustia del golpe recibido desde la altura del nido
y el gemido dado por el último latido de su corazón partido en dos

Entonces;
Distingo mirando al cielo a mi estrella favorita,
caigo en la cuenta que ha empezado a clarear
y que la luna finita se dibuja velada con sus dos noches.
Delirando ambiciono de ella esas dos vigilias…

Para Andrés

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