sábado, 24 de julio de 2010

La puta pizza

Mariana Ordenes se paseaba por la pizzería con sus manos llenas de harina apaleando, sobando, estirando y manoseando la masa que hacía salivar a sus clientes.


Con José Paredes entrábamos todas las tardes y pedíamos nuestra favorita, de masa fina con doble ración de chorizo y mucho pimentón. A lo que Mariana agregaba cebolla a su gusto. La mirábamos de reojo y nos paladeábamos por la pizza que íbamos a saborear y por sus contorneos de diosa.


A mi compañero le escuché decir muchas veces en nuestras borracheras:


-¡Ahí está! con sus tetas duras de pezones erizados, si parece que estuviera a la temperatura de su puto horno, como deseo manosearla con esa harina hasta dejarla babeando por mi, a veces la odio por oler a sexo, y con más ganas devoro la puta pizza como si fuera un cabro de mierda- Y esto era verdad, todos la veíamos igual como diosa intocable del placer.


La mina caminaba moviendo su trasero al ritmo en que sus manos movían la masa. Sus pechos se erectaban -tanto como nuestros penes- en su camiseta ceñida que siempre permanecía mojada. Su piel sudaba gota a gota, al igual que la nuestra en la construcción. Sus brazos al descubierto demostraban siempre lo fuerte y femeninos que eran y así permanecían invierno y verano. El pantalón ceñido e impecablemente blanco dejaba entre ver su diminuto calzón. La prenda prohibida e intocable que todos deseábamos romper con nuestra hombría y que nos calentaba tanto como el horno de Don Vittorio.


A la Mariana la esperábamos ver pasar cada mediodía a la pizzería con su candente caminar, nadie le voceaba ningún piropo sólo la mirábamos embobados soñándola en su ritual de la mejor amasadora que había en el barrio.


A la Mariana no le conocíamos novio, ni marido, ni hombre alguno, solo a excepción de nosotros que babeábamos por ella.


A la Mariana nunca se le vio en el bar de Doña Rebeca la mujer de Vittorio. Una mujer hedionda y mal genio que todos odiábamos por no darnos crédito cuando los billetes escaseaban.


Con desprecio nos miraba y decía: -Al que quiera chupar que pague primero, que ya después a los curaitos se les olvida-


Por mi especialidad de técnico eléctrico, Doña Rebeca me pidió que instalara un reloj controlador para que así las luces se apagaran antes que ella volviera de su trabajo por las noches.


–A Vittorio se le olvida siempre apagar las luces. ¡Ramón! Aquí tiene las llaves para que lo deje conectado cualquiera de estas noches-


Me dijo con su avaricia de contar la chaucha siempre.


Entré a la pizzería silbando espantando el miedo de la soledad a esa hora. Crucé el pasillo desde el patio hasta la sala de hornos y al pasar por la oficina de Don Vittorio, la luz estaba encendida, se oían voces y me detuve en seco al escuchar la voz de la Mariana transformada en un entrecortado jadeo.


Impactante fue mi sorpresa cuando al abrir la puerta vi al italiano gateando por el piso, girando ridículamente en redondo y a la sensual Mariana montada a caballo en este viejo con olor a aceite de oliva rancio.


La escena, sumándole lo ridículo de sus atuendos, quedo fija en mi espantada retina. El vejete desnudo con su barriga que colgaba y con una rienda de caballo de carreta al cuello. Ella de botas con espuelas, espoleando al ritmo del látigo que golpeaba en el trasero a este encabritado e indomable anciano potro.


Por arte de magia dejé de mirar a la Mariana cada mediodía al pasar a la pizzería y mi sexo no le rindió más los homenajes de diosa.


Testimonio de Ramón Cisterna, técnico electricista especialista en relojes controladores.

El prendedor de corbata

Catalina usaba la falda larga y miraba el horizonte, caminaba con el candor de su delgadez destilando esa sensualidad inocente que provocaba sólo a los soñadores.

Catalina iba y venía por el arte, tanto recitaba como pintaba. Lo que sus manos tocaban despedían estrellitas que la hacían mágica.

Todas las mañanas se la veía pasar en su bicicleta con su sombrero que ponía hasta sus ojos a los que ella ocultaba reservando su brillo solo a quién apreciase esto.


La mañana de aquel miércoles de enero, brillaba con su cielo azul y su brisa tibia, prometiendo la temperatura de la época del año. La radio temprano ya había anunciado sobre los 32°C, por lo que su ropa era escasa.


A la velocidad de su fresco perfume la vio pasar Alberto desde su balcón cuando tomaba un café con Estela, su mujer, la que se percató de su mirada brillante, y dijo:

Ay! Catalina que audaz tu transparencia de hoy. Ante lo cual Alberto la miró y rió. Aunque maliciosamente pensó – Que tal una visita a su taller hoy-


Catalina modelaba su greda con su delantal lleno de barro y colores, sus dedos entraban y se perdían en la masa que gozaba de esas caricias.

Se sentó sensualmente en el torno con sus piernas abiertas y su amasada bola de barro y así la encontró Alberto con su espalda al descubierto invitando a toda su hombría. Y con su delicadeza de amante incorregible la abrazo por la cintura, deslizando sus mano a través del plano estómago, encontrando sus costillas que sí sabían de cosquillas y abrazos, ella se dejó y sólo volteó para encontrarse con esos labios con sabor a pecado y traición.

Con pericia le fue levantando la falda hasta encontrar su humedad y su flor abierta a él. Ella giró su cuerpo para descubrir a su erecto sexo y dejarlo entrar como lo hacían cada mañana, donde las preguntas no estaban invitadas en este tiempo.

Catalina lo dejaba y respondía como una gata a cada embate de Alberto. El torno giraba al ritmo de la música que sólo el barro conocía y que agradecía convirtiéndose en una hermosa vasija.

Alberto quedó satisfecho como siempre, su hombría le agradecía su osadía y Catalina muy sonriente con sus ojos más pequeños, más brillantes y su inocencia habitual.

Estela entró al taller cuando el mediodía ya apuntaba el cielo y el sol quemaba sin piedad.

-¡Buenas! ¿Son buenas si o no?-

Preguntó al aire y acotó:

¡Tu vestido de hoy! lo quiero ver, es maravilloso, si hasta a Alberto se le pusieron los ojos blancos al desayuno. Creo que lo dejaste sin comer mis panqueques con miel, ¡y mira que si le encantan! Salió apurado a su reunión de lunes y es miércoles ¡que ubicado anda!

Y tomando el vestido para sobreponerlo en su cuerpo, con estupor encontró el prendedor de corbata de Alberto pinchando a la mariposa azul que parada sobre las flores de tul y gasa y que a pesar de haber sido traspasada, aún vivía.


Catalina pasa en bicicleta a su taller con su hijo Jeremías cada mañana, con su pelo y su vestido al viento, lleva la sonrisa de la niña inocente de siempre.

http://www.diariouno.cl/sinclasificar/el-prendedor-de-corbata/

La dama del lago




Ella ha esperado a su amor por muchos años y se ha acicalado para estar a la altura del amante que prometió el destino mandar.
No le han faltado los aceites y aromas para acariciar su cuerpo, los ha elegido con esmero, optando por los de fina calidad y de preferencia con aromas a naranjos y limones, pero no ha dejado fuera de su elección, la lavanda y el sándalo.
Después de despertar y muy soñolienta, todas las mañanas acostumbra a tomar su baño en ese recodo del lago, donde el frío viento sur no se cuela en las gélidas mañanas de ese paraíso sureño.
La rutina, la de siempre, sin apuros ni trámites.
Su delicada y fina camisa de noche arrugada y adherida a su cuerpo, marca cada curva y pliegue. Y la hacen caminar con la sensualidad que lleva en la soberbia de saberse hermosa, y del conocimiento de su cuerpo. Al que conoce centímetro a centímetro.
El ritual de esparcir el jabón y champú en la palma de sus manos, los que iban a parar al pelo y al cuerpo, haciendo una blanca espuma que a esa hora de la mañana brillaba plateadamente a los primeros rayos del sol.
¡Qué cuadro era aquella escena!
De su pelo rubio caían las gotas de agua que seguían por los caminos donde los deseos impúdicos hambrientos buscaban deleites en sus dedos, a los cuales ella ponía y sacaba a su antojo para sentirse amada. Nunca saciaba sus apetencias en este paso, solo se deleitaba en dar y quitar lo que su voluntad deseaba.
Nunca usó toalla, exponía su cuerpo al tibio sol y admiraba cada gota que iban evaporándose una a una, las plateadas y doradas que desaparecían mientras ella se contemplaba en el éxtasis de saberse la diosa Eros.
Siempre sus ojos cumplían la misión de dar el placer de la contemplación por largos minutos, sabía que eso le producía la humedad necesaria para que su sexo la dejara entrar con el placer de no hacerse daño.
Elegía sus aceites con el cuidado que le otorgaba el pensar en el amado que vendría. Cada esencia para cada parte de su cuerpo.
El sándalo lo esparcía por sus brazos haciendo movimientos circulares y haciendo bailar sus dedos desde las axilas al codo y siguiendo hasta sus suaves manos, su olor le evocaba maderas antiguas.
La lavanda y su perfume añoraban campos de susurros clandestinos con la luna brillando de asombro. Esta era esparcida desde el cuello a los senos donde el deleite era jugar y soñar con sus pezones creyendo que su amado podía percibir su aroma a la distancia.
Naranjos en flor, canta el tango y ella lo evocaba entre el placer de tocar sus piernas y masajearlas para dejarlas suaves a la espera de las soñadas caricias.
Dejando al limón y su ácida aroma, limpio, penetrante, incitante, apetitoso y provocador que adherido a sus dedos tenía el picor del deleite en su sexo.
Aquí detenía el tiempo, lo prolongaba sin urgencia, era su momento, soñar con el amado que vendría a regocijarse en los encantos, que ella preparaba cada mañana en este ritual.
Esta princesa esperaba día a día, mañana a mañana, a su galán que una vez prometió acariciar esa suave piel con sus dedos de avezado y atractivo seductor.

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Sueño en el desierto

Bajé del avión cansada de la rutina de la capital. Dejando atrás mis angustias y tristezas. Alojé -como siempre- en ese hotel de San Pedro, donde todo invitaba a soñar con el amante. Ése que no había querido acompañarme por su cobardía de siempre. Ya sabía él cuánto odiaba venir al norte sola. Los vuelos, debido a las tormentas de viento durante la primavera, hacían de los aterrizajes un acabo de mundo. Entre éstos y la maldita puna, hacían de la noche mi martirio. La cabeza daba vueltas entre el dolor y la tristeza de tener esa hermosa, estrellada y solitaria noche.

Así lo dije al fono cuando me llamó para preguntar cómo había llegado, su voz quedó en mis cansadas sienes retumbando en mi cuerpo, que a mi sexo dejó protestando. Me duché y puse mi cabeza en la almohada y el sueño se apoderó de mí.

A medida que la noche avanzaba, lo fui arrancando de mis sueños. Lo convertí en carne y hueso y lo arropé a mi lado, tenía mucho frío, eso dijo con mucha inocencia, aunque creo que era sólo el reclamo por sus ganas de caricias y regaloneo, por su cara digo yo.

Lo tomé en un abrazo eterno y acaricié su espalda por mucho rato. Mis dedos jugaban en sus vértebras y caminaban desde el cuello al coxis, sin dejar pedazo de piel sin tocar, mientras los suyos se deslizaban entre agujeros y pezones y entraban y salían a discreción. Y así esperé sentir su sexo muy erecto reclamante e insaciable. Entonces abrí mis piernas dejando al descubierto toda mi intimidad solo para él. Entre bocas, lenguas y sexos suplicantes nos hicimos un solo ovillo que rodó y rodó por la cama hasta caer al suelo donde sumisamente lo deje embestirme sin piedad, entró y salió las veces que lo deseó. Nuestra pasión y deseo terminó en un hermoso y placentero orgasmo, que nos hizo bailar en las dunas del placer, donde terminé mirándome en el cielo de sus ojos.

Siempre me hago la misma pregunta ¿Cómo puedo tenerlo en mi cama y de manera tan real? Que hasta las sábanas quedaron arrugadas y mojadas con nuestro sudor, donde el olor a deseo y pasión impregnó el cuarto de jazmines como los que suelo oler en los patios de Toconao.

Me desperté buscándolo… mi sexo chorreaba placer y mi corazón no deja de saltar.

El frío de la noche estrellada terminó por despertarme. Mi cabeza daba vueltas y vueltas y mi sexo atiborrado de placer al trabajo de mis manos, me hizo caer en la realidad de mi soledad. Conté las estrellas una a una y las fugaces me hicieron una fiesta de danzas ante mis atónitos ojos. Por cada una pedí un deseo.

Con mi agitación aún en el cuerpo y su olor en mi recuerdo, pasó aquel hombre con su pelo largo, su piel morena, sus facciones cinceladas a cuchillo.

Creo que mi calentura era notoria y como un hechicero adivinó mis necesidades. Me tomó, rasgó mis ropas y arremetió en mi cuerpo sin piedad. Sus dedos entraron en mi sexo que se dejo llevar rápidamente por el deseo.


Y a usted lo soñé gimiendo de pasión.


Me dejó con el sabor de un beso salino y dulzón.



Sabina y mi borrachera


Aparecí en la playa, lugar donde siempre llegaba después de mis fiestas, cuando quería hundirme en el alcohol. Nunca he sabido si es para mantener vivo tu retrato o para que te deshagas o esfumes para siempre.

Entré al bar buscando compensarme y poder sentir el mundo mejor, la música retumbó en mis sienes y la voz de Sabina me repetía:
-Luego todo pasó
de repente, su dedo en mi espalda
dibujó un corazón
y mi mano le correspondió debajo de tu falda-.

Lo vi sentado en la barra. Miré su espalda fuerte y su estatura baja, pero sus azules ojos se clavaron en mí desde la cabeza a los pies y se detuvieron en mi trasero, no me extrañó, es lo que siempre miran.

Tomaba café, así que avergonzada pedí uno, dejé una silla vacía y pregunté al viento -¿Se irá a despejar?- Moviendo mi pelo de mina con las hormonas alborotadas. Cambió de asiento y acercó su boca con aliento a café y cigarrillo trasnochado y dijo: -¿Cómo quiere tenerlo Usté?- Mi cabeza giraba, no sabía si era el licor o mis hormonas que habían cobrado vida. Luego de una breve conversación salimos del bar riendo, y abrazados cruzamos a la playa.

Cartagena aún no despertaba y Playa Chica se veía grande sin sus bañistas. Caminamos entre besos y manos que iban y corrían por nuestros cuerpos, intruseando todo lo que por delante se ponía y oponía…

Y sintiéndome la mina de Sabina lo invité a recorrer por debajo de mi falda a sus manos que supuse muy adiestradas. Ellas entraron, buscaron y se metieron a donde hacía tiempo las tuyas no llegaban. Y las suyas dejaron de ser toscas y rudas, y por arte de magia pasaron a ser olorosas y suaves. Mi ropa fue saliendo y desprendiéndose de todo lo que encontraba entre sus manos y mi piel. Hurgó por todos los agujeros que ansiaban ser tocados y mis humedades respondían a cada dedo, palma y caricia que iban y venían. Él solo bajó su pantalón y me penetró rudamente, lancé un alarido de dolor y placer.

Y así me encontré a mediodía con el sol en la cara, con unos niños que reían y una señora gritaba: ¡Esta viva la muy puta! Al yo mover mi adolorido cuerpo.

Con la cabeza aturdida intenté vestir mis partes más visibles. Caminé sin rumbo pensando buscar un lugar donde tirar mi cuerpo. Entré a ese hotel, con olor a encierro y humedad, donde se mezclaban la oscuridad y la promiscuidad. Me desvestí de la poca ropa que me cubría y al contacto con el agua fría de la ducha que maltrató mis huesos, grité y rompí en llanto. Como pude me acosté y abrazada a esos ojos azules que clavaban mi sien, dormí.

Al tiempo en otra borrachera volví a los bares de Playa chica. Soñé encontrarlo en el mismo lugar.

A mi búsqueda entre a lo que creí mi Bar… pero era una tienda de abarrotes, decepcionada y dispuesta a seguir buscando volteé y a mi espalda escuché: -Buenos días, ¿Qué desea la señorita?-
Sin darme vuelta -¡Un buen y cargado café!-

Eso es fácil, ¡Teresa un café cargado y caliente p’a la Seño!

Giré mi cuerpo para dar las gracias y preguntar cuánto debía y me tropecé con aquellos ojos azules. Incrédula y ante un fantasma le pregunté si se acordaba de mí. Su respuesta: -¡Ay Seño, por aquí pasan muchas iguales a usté!

Bajé mi cabeza y esperé el café apoyada en el mesón sin hacer comentario, en la radio Sabina cantaba:
-Y en lugar de tu bar
me encontré una sucursal del Banco Hispano Americano-.

Y ahí venía Teresa con su tazón amarillo y saltado de tanto uso y encontrones… me pasó el café sin mirarme.
Sin embargo a mi respuesta de -¡Gracias Señora!- La mujer me miró y lanzó un grito despavorido:

-¡La puta de la playa!... te dije que no estaba muerta…


http://www.lanacion.cl/sabina-y-mi-borrachera/noticias/2009-12-11/222255.html

domingo, 18 de julio de 2010

Atesorar



Atesoro en mi boca tus besos y a cada uno los divido en milésimas que reparto diariamente en pequeñas porciones……..

Atesoro en mis oídos las palabras, la música, los susurros, que bailan en mis tímpanos la erótica danza de tibios vahos y calientes pensamientos

Atesoro en el pelo las luces que encendiste en la instancia de los sueños otorgados

Atesoro en mi gruta cada espasmo de caricias apasionadamente dibujadas en la intimidad de nuestros cuerpos

Atesoro sueños y pesadillas en la fantasía del delirio adosado a las paredes de mi cuarto

Atesoro en mi cuerpo los aromas, la complacencia, los mimos, como un tatuaje permanente que se graba a fuego en cada espacio del tiempo.

Atesoro el vuelo cuando te invité a lanzarnos de cabeza al abismo de la vida y llevarnos de la mano por el tiempo

martes, 29 de junio de 2010

ensueño



Cosida a una arrugada sábana y con mi corazón latiendo fuertemente me desperté sobresaltada. Habría asegurado que me desnudabas lentamente.

Comencé a restregar mis ojos, olía tu aroma dulce en mi almohada. Si, esa que acomodas para soñar conmigo y despertar decidido a continuar saciando mis ansias. 

En mi ensueño sentía cada uno de tus dedos habitando en los rincones que te gusta hurgar, relamías mi sabor en tu boca y paladeabas la miel que yo emanaba… 

Tu lengua siempre insaciable cobraba vida en mis besos, se nutría de mi sabor y se empapaba de mi savia. 

Percibí como te convertías en una hermosa erección, reteniendo y grabando en mi memoria los dibujos dejados en  la pared de mi gruta, así también en mi boca siempre insaciable de ti.

Seguí restregando mi cara, intentando salir del sopor del sueño y volver a la realidad, pero lo impedía tu varonil presencia, me había convertido en tu esclava sometida a tus ilimitados y fantasiosos deseos con la complicidad del querer ser y estar en el otro.

¡Que sueño! El sueño de la vida que se escurre en tus caricias, se pierde en mi impaciencia y en cada espasmo te entrego mis segundos.

sábado, 26 de junio de 2010

sábado, 19 de junio de 2010

Bonita


Sí hoy temprano al buscar tu camisa favorita no la encuentras,
que no te importe, ya bonita he amanecido…
La mañana me despierta de sueños y fantasías de tu cuerpo…
No permitas al agua esfumar la huella de tus manos ni de las mías…
Que de mi boca emane la nostalgia por la noche anterior con el malhumor de la mañana que contiene tu pasión…
Y el café que te serví no lave el sabor de mis besos…
Que tu huella dejada en mi sexo me haga soñar todo el día…
No desenredes mi pelo ni apagues las luces que encendiste…
Que mis ojos se llenen de lágrimas y me empapen de tus palabras…
En cada orgasmo déjame suspirar y gritar…
Nunca  dejes de desprender mi ropa que luzco para ti…
Que el azul de mis ojeras te cuente de mi insomnio…
Que Ciega he quedado por el brillo de tus ojos, Muda por tus besos y Sorda a los escándalos del barrio…
Y para que no te olvides sigo siendo tu Bonita…

domingo, 13 de junio de 2010

Anclada






Anuncias visita
Asomas de la estación de metro
y brotas de la tierra como fantasma.
Anclas mi vida amarrando pasiones y fantasías
Revolucionas mis horas y revoloteas en mi insomnio.
Dispones de cada segundo en mi cuerpo
Tus manos no descansan
Tus besos no dan tregua
Tu lengua bebe mis dientes
Tu boca se traga mis labios
Jadeas y ríes
Transas y negocias
Contemplas lo visible a tus ojos
y admiras lo invisible en mis espasmos
Tanto acaricias mi cabeza como besas mis pies
Te pierdes en mi vientre y nadas en mi ombligo
Saturas mi soledad y vuelas en mi espacio
Y a mis orgasmos aplaudes
cual si fueran el mejor espectáculo a tu sentir.

viernes, 11 de junio de 2010

Tiempo

Atesoro en el cuerpo 
aromas, 
caricias, 
besos, 
como un tatuaje permanente 
que se graba a fuego 
en cada espacio del tiempo.

martes, 8 de junio de 2010

Milésima


Atesoro en mi alma 
tus besos 
y a cada uno 
los divido en milésimas 
que reparto diariamente 
en pequeñas porciones……..

viernes, 4 de junio de 2010

Desaparición

Santiago, 11 de septiembre de 1973

Querido mío:

Espero que al recibo de esta se encuentre bien y que a pesar de la distancia haya podido pensar en mí. Que su cuerpo extrañe mis caricias y sus oídos mis murmullos.
Quisiera contarle que las rosas están floridas, algo inusual en esta época debe ser porque hace calor aún, a pesar que los abedules ya están desnudos.
Y el zorzal que canta en la ventana ya encontró un amor.
Que nuestra gata lo espera cada noche en la ventana y mira al cielo llamándole.
Y que nuestro camino se alegra cuando lo recorro paso a paso.

Bueno la vida ha seguido su andar a pesar de la distancia, es como sí tratara de hacernos una broma, la vida y la muerte.

A diario lo busco en los rincones de nuestro hogar, en nuestra mesa y en nuestro lecho.
Se acuerda de esa canción la que bailábamos en las mañanas ¡que ridículos nos veíamos en pijamas  y cuan desentonado cantaba a mi oído!
Como extraño esos domingos que eran nuestros.

Todavía el perfume de su ropa se inhala en los roperos y cajones. Aún en los escaparates y entre mis libros encuentro sus mensajes que usted repartía por todos los rincones y que era mi tarea encontrar.
Su receta predilecta la que preparábamos juntos y que reíamos cuando cocinábamos, y que por supuesto siempre se quemaba.
De los atardeceres que mirábamos sin hablarnos, solo abrazados.
De las noches estrelladas, como trataba de enseñarme cada una de las constelaciones, que nunca aprendí.
En mi almohada está su olor, su canto, su poesía, su pasión. Se quedaron impregnados y sirven de alimento y de condimento a mis sueños.
Le cuento que las finanzas andan bien, no se preocupe con amor todo alcanza.
La casa sigue linda y esperando que regrese. En el camino que da a nuestra puerta han florecido las primeras violetas.
Le cuento que los nietos crecen y cada día se ponen más lindos, le habría gustado verlos cantar y dibujar en sus hojas, si, esas que usted guardó para cuando crecieran.
Que los hijos están maduros que cada día los veo más hermosos. ¡Como se parecen a usted!
Que mi pelo se ha vuelto gris y mi memoria blanca que solo quiero los recuerdos de sus manos en las mías, y sentir ese perfume de usted que hacía palpitar mi corazón.
Que mis manos se mancharon de tantas lágrimas que han secado. Que ya mi andar es lento y mi paso titubeante que me siento cansada y que quiero estar junto a usted.
¿Será que después de tanto tiempo podré verlo?
¿Podrá reconocerme?

El miedo me envuelve y se  anida en mi alma. Mi cuerpo se ha lastimado con el tiempo, con su ausencia, con mis esperas, con mis duelos y con mi esperanza.

Todo se lo llevaron esa tarde en que me dijo;
-Voy y vuelvo, quédese tranquila, m’ijta-

Ya no quiero esperarlo más…

Suya siempre.

Su compañera.

jueves, 27 de mayo de 2010

Zona prohibida.


Le dijo que no siguiera, le gritó que estaba tentando a su parte más débil.

Que entrar en zona prohibida la iba a dañar.

Que por favor no  expusiera su vida.

Le rogó que mantuviera distancia que hoy otro está en sus brazos.

Que siempre  guardara silencio.

Ahora la persigue su mirada, y sus ojos y manos la provocan.

Que su juego de buscarla le está gustando a su cuerpo

Salir con él y que la bese, su alucinación

Escuchar sus frases, su quimera

Sentir sus brazos rodear su cuerpo, su utopía.

Y aquella idea de ser amantes…le ronda el corazón

domingo, 23 de mayo de 2010

Confesión

No sé qué secreto elegir 
para confesarte 
lo que aventuro 
minuto a minuto 
en mi día a día.

jueves, 20 de mayo de 2010

Vergüenza

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Uno, dos
Izquierda, derecha
Norte, sur
Este, oeste

Candentes caderas
en su vaivén
y con su compás,
al ritmo que danzan mis piernas
se exponen a lo señores
y son  manjar a sus ojos,
y pura miel en tus manos

De anchura proporcionada
que como péndulo al ti-tac del tiempo
y en el concierto del día a día
las exhibo por las rutinarias calles del barrio

En la aventura de conquistarte
las monto sobre tu vergüenza
cabalgando en la cita
sin montura
sin riendas
sin freno
sin aparejos
para apearme en el momento y seguir mi camino

Uno, dos
Izquierda, derecha
Norte, sur
Este, oeste

viernes, 14 de mayo de 2010

Lluvia sin prisa

Lluvia acústica que hace eco en los techos
Lluvia sin urgencia que cae gota a gota
Lluvia sin prisa al besar la tierra
Lluvia que resbala por mi cuerpo
Lluvia acariciando el tiempo

jueves, 13 de mayo de 2010

Las santas de fantasía se deshacen cuando quieren levitar

Música

Se acallaron los cascabeles........................…..

el viento ha bajado la batuta 



y se inclina a recibir los aplausos............….

las hojas en silencio 



esperan que la lluvia 


calme las penas al caer al vacío

Música 2

Hay concierto en los árboles de la ciudad, las hojas secas tocan cascabeles

Miel


Me habla de espasmos,
de caricias telúricas,
de arrebatos y sentidos
y Miel chorrea a raudales de mi interior

Me dice que su respiración resbala por mi piel
Entonces su boca camina
y se detiene en mis muslos
Que mi suavidad lo cautiva
y hay seda en mi interior
y más Miel moja mi algodón

Se apodera de mis sentidos
su boca hurga mis entrañas
su lengua besa pasión
y Miel salpica por un instante el momento

Su retina graba miradas
mis ojos entreabiertos y cerrados
dan la pauta a seguir
Llueve sobre mis blancas sábanas
y de Miel ahogo su corazón

Creyendo ser reina
lo hago esclavo en mi colmena
lo atrapo en mi polen
me libo su néctar
y Miel perfumada emana a su boca

De su cañaveral destila
jugo de caña viva
que en mi vientre se vierte
y su arrebato me moja
con Miel que regalo agitadamente


Su boca bebe,
y su lengua mi sabor
con dulzor descubre,
en la gruta de mis piernas,

a la dulce Miel besa con placer

jueves, 8 de abril de 2010

Pronóstico del tiempo



Escuchó al hombre del tiempo
Seleccionó la ropa adecuada
Marchó a su trabajo como cada mañana
Dijo buenos días con el desgano habitual
Trabajó como un robot ocho horas
Se empaquetó en su gris abrigo y con el mismo desgano dijo Adiós
Con su bolsa de pan pensó en el regreso a casa
Con su habitual paso enfiló a la estación del metro
La empujaron, la estrujaron, la apretaron y el cansancio la sostuvo
Emergió a la superficie de la estación Neptuno
Y regresó a casa por el camino de siempre
El pronóstico del tiempo decía chubascos ocasionales por la tarde
Las primeras gotas cayeron en su rostro
El olor a tierra mojada le evocó su infancia
Las siguientes gotas se mezclaron con sus lágrimas.
Hay que darle al tiempo el permiso de hacer su trabajo.



lunes, 5 de abril de 2010

ErotiZmo

Te Zaludo con corteZía

Con mi
Zurdo coraZón

Te aga
Zajo y te acariZio

A tu ro
Ztro miro con embeleZo

De tu abra
Zo no me quiero Zafar

Y a tus labio
Z me guZta beZar

Porque quién con
Zeta eZcribe

Abra
Za con deZeo

Y be
Za con paZión

lunes, 29 de marzo de 2010

Antigua profesión

Montó negocio...
y su cuerpo
y su alma
puso en oferta.

Y con aviso económico en el diario local:

Tranzó cariño por pasión.
Canjeó esperanza por promesa
Permutó sonrisas por llantos
Modificó audacia por inseguridad
Transformó amor en dinero
Hipotecó la vida y arrendó
sin contrato su futuro
De luna a luna ofertó
y liquidó su juventud
Hizo de la esquina su oficina
y negoció en bares
y oscuros pasajes

Y en la bolsa de valores
perdió las acciones una a una
Aparecieron las arrugas y la lástima
Enfermó el alma
El sindicato de quiebra
clausuró su inversión
Sucumbió en la derrota

Se le encuentra caminando
hambrienta y dolida
llorosa y sin habla

Arrastra la vida y el pecado
y el pasado es su lastre



sábado, 27 de marzo de 2010

Los versos de Cecilia.



Que te cobije la tierra,
te alimente el aire
te abrace el fuego

y te bendiga el agua...


Que los dioses bendigan

tus manos y tus ojos..

Que tu lectura
sea
oficiosa y clara.

Que brinden mucha paz

en tanta alma adolorida......




Estos versos fueron escritos para mi amiga Luisa Araya Massry, el lunes 22 de marzo con motivo de su cumpleaños. Ella los publicó y eso me ha honrado mucho.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Triángulo



Siempre fueron de a tres.

Le gustaba tanto él como su marido.
Al primero nunca respetó y al otro le rindió pleitesía.

Entre mentiras y engaños pasó la vida, de uno cuidó y al otro utilizó, más cuando la edad avanzó ya no sabía a quién amaba y a quién no.

Se desposó con libreta y ceremonia con uno y al otro prometió entre sábanas y sexos apurados no abandonarlo nunca.

Ya no sabía cual era el olor de cual, y con cual su pasión respondía más. Tampoco supo que pasaba cuando la añoranza le removía el cuerpo. A quién evocaba más y quién era el preferido de su sexo.

Los llamo siempre ¡Preciosos! para así no equivocarse. Y su frase al oído: ¡Lo amo o lo adoro! Era por igual.

Su piel olía a ellos sin distinción y su boca tenía el sabor de ambos.

Y sus ojos miraban, y sus oídos oían y su olfato olía a dos machos sin distinción.

Sus manos tenían la pericia de recordar donde ir y donde no, de recorrer y parar, de presionar y acariciar sin hacer diferencia.

Su cintura se movía cuando escuchaba los conciertos de sinfonías sensuales de dos bocas y nunca se equivocó de movimiento, tampoco defraudó a esos viriles sexos, dueños de sus piernas y de su humedad.

Sabía decir con su boca lo apropiado y besar con la misma pasión mezclando sabores y olores.

Cada mañana amanecía en unos brazos y evocaba los otros.
Cada mediodía corría a unos brazos y apurada los encontraba en silencio.
Cada noche lo acariciaba y consentía con el afán de una geisha.

Aquella mañana en que se encontraron cara a cara los tres, fue cuando ellos se enteraron cuanto los amaba a cada uno y por parejo a ambos.

Entonces cada corazón se hinchó en el pecho de aquellos dos varones y en cada uno latió fuertemente el orgullo de un amor correspondido.

Y todo esto, por ser de a tres.






sábado, 13 de febrero de 2010

Febrero, 14 del año que ya pasó.





Amado mío, no quiero que hoy me saludes.

No quiero rosas, ni chocolates, ni que me hagas el amor.

No quiero que otros te digan lo que debes hacer conmigo, ni la señora de la florería, ni el joven de la chocolatería, ni la gorda que atiende la boutique de ropa interior del mall.

No es nuestro día, es el día que inventaron hombres y mujeres que creyeron que así tendrían amor asegurado.

Prefiero verte entrar a casa con las manos vacías, abrazarme por la espalda, besar mi cuello y preguntar: ¿Estamos solos?

No necesito de chocolates un 14 de febrero para querer morir contigo, sabes que el día que dejes de decirme bonita, yo moriré.

No necesito rosas rojas para abrazarnos eternamente y desearnos como dos adolescente.

No necesito que todo el mundo se entere, que me regalaste una camisa de noche transparente y seductora para lucirla, y deleitar tus ojos, sino tienes ganas de hacer el amor.

No necesito de fechas que manipulen nuestra intimidad, porque ella es nuestra y de a dos.

No necesito que me digas HOY que me amas solo te pido que lo hagas los otros 364 días del año.

Hoy solo toma mi mano y con una mirada dime que seguiremos caminando por el futuro.

Hoy solo espero de sorpresa tu llamada en la mañana, ya que alegrará mi día.

Te amo más allá del tiempo de estar y permanecer en esta hermosa historia.

Tu amada siempre.