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sábado, 6 de julio de 2013

Irracionalidad



Siempre creyó que era un estúpido amor, que la habían encandilado un par de ojos negros y que su cuerpo se podría resistir a sus manos y a su boca.

Que esta era uno más de sus caprichos, que con un ir y venir en algún momento dejaría de partir hacia y él de aparecer, que podría pasar de un lado a otro con la misma soberbia de saberse pretendida, y así lo había programado…

Y así comenzó su deslizar tras la vida de aquel amante, día tras día cuando se miraba en el espejo en las apuradas mañanas, y se levantaba por dos tazas de café y un par de tostadas, pensaba que el tiempo la estaba convenciendo de que era el amor perfecto.

Pero todo se complicó cuando el destino le dio por enredar a su orgulloso corazón y de amor perfecto vino el  hechizo para convertir la casualidad en amor incondicional… aquél que aprisiona la vida y la envuelve entera en transparente, suave y sutil papel de arroz, y lo inmoviliza con cinta de seda, tan plácido y tibio como el mejor de los orgasmos.


Y hela aquí suspirando y mirando el atardecer, esperando que la noche oscurezca el cielo y él la encierre en sábanas y caprichos… y a ella no se le extingan en ningún tiempo los besos y el goce de rascar su cabeza para que el descanso sea el mejor desvarío de amor… y permanecer en un nuevo amanecer.

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