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miércoles, 29 de julio de 2009

Camisa con aldaba.


En el pórtico de mi blusa

mirando mi cuello,

tus dedos diestros

llamaron a colarse

a vedados escondrijos.

Y deseosos

por traspasar cerraduras

que con recatados candados he mantenido.


Pero ellos no consideran

ni entrada,

ni cerrojo,

ni pasador denegado,

sólo su pasatiempo deben cumplir.


Caminan

se detienen,

corren,

se pasean,

se deleitan,

buscan,

peregrinan,

reposan,

se acomodan.


Que gratos soportan

los embestidos quehaceres

de cada ojal,

de cada aldaba,

de cada botón,

de cada umbral.


A la entrada de mi camisa

te convoco a saciar tu pretensión

que tus manos rasguen todo cierre,

que se transgredan las salidas y entradas,

que misteriosos pasadores

se abran paso a recibir cada uno de tus agasajos,

por trinquete que aciertes

con murmullos de inesperados besos

irrumpe por la abertura

de tu más preciado tesoro,

mi escote.


Del cuello a mis senos

dejaré puertas abiertas

sin aldabas,

ni ceñidos corpiños,

sólo mi trasparente blusa

que apremia a tus seducidos arrebatos

que con devoción atraviesen sus ávidos vestíbulos.


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